Por qué recordaré esos ojos...
que cuanto más miraba,
más profundo caía.
Por qué recordaré esos labios...
que a veces besaban,
y a veces mordían.
Por qué aquel cuello...
que a hazar siempre te olía.
Por qué recordaré esas manos...
que al acercarme estremecía.
Por qué aquel ombligo...
donde mis sueños se perdían.
Por qué aquel espíritu...
que mis miedos deshacía.
Por qué no me di cuenta,
si tú me lo decías,
que al no saber tratarte,
poco a poco te perdía.

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