Hasta las dos del mediodía
permanecí durmiendo,
por no enfrentarme a la realidad
de que era un sueño.
Tanto me quería,
y yo la quise,
ideal de belleza
y de inteligencia.
Entre mis brazos la tenía,
y allí deshice.
No conoceré el sabor de un beso,
no sabré jamás su nombre.
Con sólo su rostro me hablaba,
y esas palabras hermosas
que de su boca escapaban...
para decirme: te quiero,
mi corazón se ganaba,
y con éste,
el cielo.
Entonces rayos de luz
acariciaron mis ojos,
llamándome al día,
deshojando la esperanza
de seguir dormida.
Y que dolor...
abrir mis ojos y no ver...
...no querer ver...
el horrible rostro de la desilusión
abofeteando mis mejillas.

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