Hablábamos de amores
recorriendo las calles.
A ella un tal Rober,
y sin pertenecerle,
el mío, le llama.
Entonces rehúyo la pregunta
que sé, inevitablemente me toca,
¿y el tuyo, cómo se llama?
pensé...¡Fernando!
y el agobio la cara me sonroja.
Fernando fue entonces,
mientras, se llamaba Rosa.

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