ESPERANZA
Del medio del
cemento
surgía una flor
amarilla,
lo único que daba
belleza
a la pobreza que
habita,
el gris entorno,
la miraba,
por supuesto, con
envidia,
las paredes, desalojadas,
con su frío, la
estremecían.
Hermosa y
solitaria,
en la penumbra,
una flor nacía,
y no azul, ni
rosa, ni blanca,
de color la más
llamativa,
en una grieta de
espanto
de algún bolsillo
caía,
la semilla que
fue a dar color
a un mundo que
oscurecía.
Ay, rebelde flor,
esperanza
resurgida,
no hay mano que
te arranque
si tu valor
admira,
ni ojos que no se
claven,
sobre tus hojas
de alegría,
cuando cansan de
llorar
y tu embriagas
sus pupilas.

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