domingo, 20 de diciembre de 2015



ARDÍAN LOS VERSOS

Ardían en la hoguera los versos,
con pasión ennegrecían,
como si la llama engordase
según más palabras leía.
La mujer de la portada
la forma en su rostro perdía,
se desfiguraban sus ojos
y la boca se le abría,
parecía que gritaba,
en silencio,
todos mirábamos,
nadie la oía,
en menos de un minuto,
el libro desaparecía,
la cara de aquella señora,
mi cabeza enloquecía,
el tiempo que habrá gastado
escribiendo poesía,
se esfumó en segundos
cediéndome en su huida
un aviso al sentimiento,
sordo, que mudo,
también grita,
pues así
se escapan mis horas,
así,
me arde la vida.

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