lunes, 9 de febrero de 2015

PROFESORA

Crujía la tarima
bajo el paso de la bruja,
gritaba las madera
al clavar de dos agujas.
Tacones de serpiente,
son la piel de quien los lleva,
con mirada despistada,
anda aguda y al acecho
de víctimas inocentes,
a estrangularles el pecho.
Sin aire, en la pizarra,
la presa se retuerce,
ella, satisfecha,
hinchada se enriquece.
Manda sonrisa delante,
por detrás,
navaja hiriente,
escondido en la tarima,
yace el resto de rehenes.
Evita a toda costa
su aula, la C-7,
facultad de filología,
es trastero de una escoba,
a quien nunca enseñó nada,
llamaban profesora.


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