CUELGA EN LA
PARED
Si de la pared
cae un día la
espada
que cuelga en
ella,
que lo haga sobre
mi cabeza
mientras escribo
esta libreta,
que atraviese, lo
que haya,
se llene de
sangre el escritorio,
teñido en malva,
que se ahoguen los
versos,
ya escritos,
volviendo a su
jaula,
y liberando en
cambio,
la maldad que
llevo agarrada,
yo, cerraré los
ojos,
sonreiré,
calmada,
viendo como al
fin se van,
y dejando que se vayan.
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