SUSPIRANDO A PEGASOS
Calentando las neuronas con los rayos del sol,
provocando en mi mente un deshielo,
mirando nubes, suspirando a pegasos,
esperando ver un no sé qué en el cielo,
un pequeño Rocinante me saluda,
poniendo sobre dos patas sus cascos,
envolviendo su cintura el tutú blanco
de la bailarina que va a lomos del caballo.
Un dragón se acerca airado
a una serpiente enroscada,
con el movimiento de las nubes
en un lazo transformada,
con el movimiento de las nubes
sobre Sancho se abalanza,
no queda rastro de bailarinas,
ni tutús, ni yeguas blancas,
solo queda Don Quijote
escondido en mis hazañas.

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